La arquitectura de hoy tiene un reto abrumador, la desigualdad social y viviendas que transforman a las ciudades en pozos de desigualdad arquitectónica, donde en la misma ciudad se pueden encontrar edificios de lujo junto a albergues de madera y restos de materiales prácticamente desconocidos.
El alcanzar el crecimiento de las ciudades, donde reside más de la mitad de la población mundial, siendo sostenible económica y medioambientalmente puede frustrar a más de un urbanizador.
Si la intención es el uso de la ciudad como fuente de la igualdad; como un acceso directo para corregir la desigualdad, nos asalta la pregunta obligada: ¿Cómo podemos mejorar? Con los problemas diarios de las ciudades podemos dar una respuesta contundente; no hay dinero.
La arquitectura está fuertemente ligada al crecimiento financiero, ya que, podemos identificar un crecimiento arquitectónico según las condiciones económicas de las familias que mejoran con el tiempo.
Debemos recordar que en los últimos años la sociedad ha ido tomando conciencia de la absoluta necesidad de cambiar nuestra forma de interactuar con el medio ambiente y las ciudades. En el sector de la construcción significa apostar por la arquitectura sostenible y viva, que representa no solo una tendencia hacia el aprovechamiento del espacio en el tiempo, también actúa sobre la sociedad y el beneficio de la misma por una mejora en la calidad de vida.