El color es indispensable en la arquitectura y va más allá del afán de embellecer o marcar diferencias entre las edificaciones. Debemos comprender que el color es una variable destacada del diseño edificatorio, habla de su frescura, capacidad de sorpresa, refinamiento y originalidad.
Para modular la temperatura de los interiores según los grados de absorción, la función simbólica vinculada a los matices espirituales, intangibles sensitivos e incluso psicológicos, dar forma donde no la hay, separar, iluminar, etc. El optar por un color u otro determinará, en parte el carácter de nuestra construcción.
La arquitectura y el color deben vivir en armonía para poder ofrecer un espectáculo visual causando efectos y percepciones que necesitamos comprender; si nos adentramos en el estudio de los colores podremos descubrir que producen sensaciones naturales y culturales que no serán las mismas, obedeciendo a nuestra ubicación geográfica. Los colores afectarán de una manera decisiva la forma de entender y sentir el edificio.
Se ha demostrado que un ambiente decorado con colores fríos puede bajar nuestra temperatura, al contrario de un espacio con colores cálidos, por lo que la luz y color en la arquitectura deben llegar a un balance y combinación perfectos.
De una persona a otra, la percepción del color será diferente, ya que depende de la sensibilidad de nuestros ojos por lo que debemos acentuar que la luz y el color en la arquitectura van de la mano, uno sin el otro no puede vivir.