La arquitectura tiene el deber de reinventarse sin perder belleza. Cuando existen cambios sociales la arquitectura se adapta, se reinventa, se moldea para poder satisfacer las nuevas necesidades sociales.
La palabra crisis puede conseguir que la idea de vivienda se renueve por un aspecto menos ostentoso, menos espléndido, en menos metros, pero más cuidadoso en los detalles, se valora lo simple y práctico, económico y cómodo, pero sin dejar de lado la belleza que puede proporcionar la arquitectura a los ojos del público.
Ante los cambios actuales están tomando fuerza los conceptos modulares y las casas prefabricadas que posiblemente sacrifican la privacidad sin perder el esplendor y perfección a precios accesibles.
Las viviendas construidas a base de madera; un material que reclama su lugar en la construcción debido a su viabilidad económica, noble y sostenible se adapta a las casas de una manera que va más allá de un pensamiento tradicional.
La evolución indica que debemos adaptar la arquitectura a una nueva forma de vida, donde los edificios dejan de ser simples contenedores de habitáculos individuales, transformándose en apuestas por la comunicación y participación comunitaria dejando de lado un poco de privacidad y alentando las zonas comunes donde el interactuar y compartir tienen un trasfondo económico que se convierte en un menor gasto.
Aparecen nuevos conceptos como casas construidas con materiales de la zona, construidos con las manos de sus propios moradores.
Todos notamos como se ha comenzado a renegar el entorno urbano de la decadencia de las ciudades y existe la necesidad de ver la naturaleza en todo su esplendor; se respeta la tierra y se construyen hogares para cuidar a sus habitantes.