En la arquitectura existe una fijación por terminar oficialmente un edificio, mientras que su vida útil (real) no se toma en cuenta.
Tanto dentro de la profesión como en la sociedad en general, es la materialización real del poder y la genialidad del arquitecto lo que se celebra, en lugar de la contribución duradera de un edificio a la sociedad.
Evidentemente, predecir el futuro en una sociedad tan volátil es una tarea imposible, aun así, existen muchas posibilidades para tomar este desafío en serio sin tener que recurrir a interpretaciones irreales de futuros que no se harán realidad.
- Tutelas: Llevar a cabo revisiones, vigilancias periódicas y constantes en las edificaciones.
- Preparación: Diseñar un edificio preparándolo físicamente para cambios futuros, se podría facilitar los cambios en los planos o reajustar su adaptación con el entorno urbano.
- Cálculos reales: Evaluar el inevitable deterioro de los elementos de un edificio y en lugar de ignorarlos y pasar el problema a los futuros propietarios, el deterioro podría calcularse y formar parte del proyecto real.
- Estética: Debe intentar asegurarse que la edificación no se convierta en un elemento antiestético o potencialmente peligroso en alguna zona, sino que pueda ser reutilizado aún después de años de vacancia.
- Sustentabilidad: El estudio de la construcción de un edificio mediante un proceso ecológicamente sostenible también podría diseñarse antes de su construcción.
De esta manera, un proyecto puede ser juzgado por la inteligencia con la que se considera su desempeño futuro. Este enfoque permitiría a los ciudadanos y políticos examinar un proyecto desde ángulos diferentes.